« Manuel Gómez Acosta: La crisis de las infraestructuras, una gran oportunidad para Catalunya | Inici | Jordi Nofre: Una reflexió entorn a les polítiques públiques en matèria de cultura i joventut a Barcelona i Catalunya »
Manuel Gómez Acosta: El Catalanismo social
Publicat per convencio | 22 Desembre, 2007
Imprimir
Aportaciones desde el punto de vista de la competitividad industrial, la eficiencia energética y la movilidad sostenible (3º parte)
Por una política de desarrollo de infraestructuras basada en la eficiencia energética y en la movilidad sostenible
El stock de capital público en infraestructuras es un elemento significativo para el desarrollo económico de un territorio, las infraestructuras tanto energéticas como de movilidad contribuyen a aumentar la competitividad de las empresas , incentivan el ritmo de crecimiento económico y permiten ofrecer servicios esenciales al tejido empresarial , pero sobre todo fundamentalmente deben contribuir a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos .
Catalunya padece un déficit histórico de infraestructuras , la participación catalana en el stock de capital público de infraestructuras a nivel español ha sido durante muchos años inferior al porcentaje de la población (16,5%), a la población ocupada (17,6%) y a nuestra porcentaje de participación en el PIB español cercano al 20%.. La dotación de capital público en infraestructuras en Catalunya es baja en comparación con su población y su actividad económica y con su característica de “corredor de tránsito internacional”, lo que debilita su productividad, uno de los elementos que determina en último término su competitividad frente a otras regiones europeas.
Por una parte Catalunya no puede renunciar a ser uno de los motores de Europa , es decir un polo potente bien inserto en la geografía de redes de territorios y empresas multinacionales , que es como se está configurando desde el punto de vista “espacial”, la globalización de una economía cada vez mas planetaria, , Catalunya y especialmente la RMB debe convertirse en una tecnópolis especializada en servicios e industria avanzada , aprovechando al mismo tiempo nuestra situación geoestratégica al ser puerta de entrada y salida del comercio exterior de España hacia Europa y los mercados asiáticos.
Este déficit de infraestructuras de movilidad y de capacidad estratégica de utilización, es también patente en las de carácter energético e hidráulico, siendo como son la energía y el agua dos recursos estratégicos claves para el bienestar social , la productividad y la competitividad de nuestra economía.
Pero cuando hablamos de infraestructuras debemos hacer referencia a la sostenibilidad de las mismas, a la necesidad de la puesta en marcha de políticas ambientales , se trata de abordar de una forma diferente la gestión del territorio, la gestión de las actividades económicas , los modelos de vida urbana . Se trata pues de una política de infraestructuras que supere el “desarrollismo” del cemento y sus secuelas de deterioro del medio ambiente y ponga el acento en la “gestión inteligente” de las mismas, siendo la gestión de las infraestructuras un elemento de modernización y de innovación y por lo tanto un factor de progreso.
Apostemos por una política de desarrollo de infraestructuras basada en la: “eficiencia energética” y la “movilidad sostenible” . Debemos ganar el reto de la sostenibilidad, convenciendo al país, a los sectores económicos , a los sectores sociales que las políticas que hay detrás de la etiqueta de sostenibilidad son políticas que ayudan a la competitividad, a la modernización y por supuesto a la mejora de la calidad de vida y del bienestar de los ciudadanos, lo que debe ser la finalidad de cualquier política económica progresista.
Un nuevo modelo energético que asegure la competitividad, garantice el suministro y la sostenibilidad
Necesitamos sustituir el tradicional debate sobre cual es el modelo energético deseable , por el debate sobre cuál es el modelo energético posible para el futuro en términos medioambientales. Sin duda las los aspectos medioambientales condicionarán cada vez más las estrategias y políticas energéticas.
En primavera del presente año, el Consejo Europeo publicitó unas conclusiones , que entiendo resumen a la perfección cuales son los compromisos que obligan a todos los estados miembros, para abordar una estrategia energética solidaria y posible : el acuerdo conocido como “3/20” fija como objetivos obligatorios para el año 2020, cubrir el 20% del consumo energético con energías renovables, la reducción de un 20% de emisiones de CO2 y lograrlo mediante un incremento del 20% de la eficiencia energética.
Esta estrategia energética a nivel mundial que tiene como objetivo garantizar el suministro, combatir el cambio climático y asegurar la competitividad económica, nos conduce a hacer algunas recomendaciones de carácter general:
• Liberar el potencial de eficiencia energética de nuestras sociedades, lo que supone sin duda fomentar una cultura de ahorro energético .
• Lograr una electrificación inteligente de la economía , aprovechando las valiosas sinergias entre el suministro eléctrico con bajas emisiones de CO2, y el uso y desarrollo de las electrotecnologías de bajo consumo desde el lado de la demanda/consumidor.
• El desarrollo de una red eléctrica con bajas emisiones de gases efecto invernadero utilizando todas las opciones disponibles en el mix de generación
• El uso intensivo de todas las nuevas tecnologías posibles a través de un potente esfuerzo inversor en R+D+i, que facilite a través de política activas de incentivación su rápida integración en el mercado
• “Last but not least” poner en marcha políticas de cooperación global para la búsqueda de soluciones para los problemas globales.
Una política industrial basada en la creación de empleo , la formación de capital humano, el desarrollo del conocimiento , la innovación tecnológica y la sostenibilidad del territorio
Cualquier política económica que pretenda posibilitar el crecimiento de la productividad, el aumento del PIB y el fomento de la competitividad de las empresas pasa por invertir en capital tecnológico e impulsar de una manera más intensa los niveles de investigación y desarrollo , la penetración de las TIC en el tejido económico y empresarial de Catalunya, aumentando los recursos financieros dedicados al R+D+i y facilitando el desarrollo de las políticas tecnológicas adecuadas.
Una política industrial-tecnológica, debe impulsar y dinamizar todas las actuaciones que se puedan implementar para potenciar la creación de centros tecnológico , activar los mecanismos que faciliten la difusión tecnológica, lo que permitirá superar el déficit de infraestructuras de apoyo a la innovación de la economía catalana, dotando a las empresas de nuevos recursos tecnológicos para que estas puedan mejorar su capacidad de llevar a cabo innovaciones de producto y de proceso.
Se deberá facilitar la concertación entre las administraciones públicas, los agentes sociales (empresas y sindicatos) y los centros universitarios , la llamada “triple hélice”, para incrementar las capacidades de innovación de las empresas , potenciando un desarrollo industrial basado en la economía del conocimiento , donde son piezas básicas la inversión en capital tecnológico y la cualificación y formación permanente de los trabajador@s
Una política industrial creíble necesita como hemos planteado inicialmente unas infraestructuras energéticas y de transporte que permitan a las empresas mantener su competitividad en un mercado cada vez más agresivo y “mundializado”.Una política industrial que al mismo tiempo que genera actividad económica y crea empleo de calidad , tenga la sostenibilidad y el equilibrio medio ambiental como uno de sus objetivos prioritarios.
Una política industrial que impulse y dinamice el desarrollo de una industria ecológica, basada en una serie de consideraciones :
• Que priorice el desarrollo sostenible y el mantenimiento del equilibrio medio-ambiental. Una industria basada en un modelo energético de futuro que garantice las mismas oportunidades a las generaciones futuras y que administre con rigor los recursos limitados de los que disponemos.
• Orientada hacia la reducción de emisiones de gases efecto invernadero ,estricta en el cumplimiento del protocolo de Kioto, que desarrolle los mecanismos de desarrollo limpio , y que en las diferentes fases de los proyectos industriales a desarrollar , todos sus componente medio ambientales hayan sido estudiados y optimizados .
• Una industria que utilice tecnologías avanzadas para la reducción de emisiones (NOx, CO2, metano, óxidos sulfurosos…), en las industrias básicas (refino de petróleo, Siderurgia, Cemento, Vidrio/cerámica, Pasta de Papel, Aluminio,..) tanto en el origen de los procesos ,como “a posteriori”en los procesos de eliminación.
• Una industria que potencie el desarrollo de los transportes públicos colectivos, de alta eficiencia energética, como es el ferrocarril como elemento dinamizador de la movilidad sostenible
Resumiendo nuestra apuesta debe incidir en una política industria que aborde de forma diferente la gestión del territorio , la gestión de las actividades económicas, los modelos de vida urbana y seriamente preocupada por la mejora de las condiciones de vida de los ciudadan@s.
Categoria: Catalanisme del futur, Estat del Benestar |
