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    Eric Llacuna: Los límites del republicanismo

    By convencio | Marzo 19, 2008


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    La obra de Philip Petit, Republicanismo, ha abierto unas grandes expectativas dentro del espacio político progresista.

    Ciertamente, la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, han dejado huérfanos de ideología la izquierda política europea. Es por eso que las tesis de Petit han representado una oleada de aire fresco y de cierta renovación.

    En todo caso, sin entrar a valorar todavía las virtudes y defectos de las tesis republicanistas verdaderamente éstas están dando una nueva matriz ideológica por la cual circular y reanudar el trabajo de construcción de discurso ideológico.

    Sorprende, no obstante, que los hechos antes mencionados -la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética- hayan dejado tan desarmado al socialismo democrático. En principio no tendría que haber una identificación entre los regímenes soviéticos y de la alemana del este con los postulados del socialismo democrático. Sólo apuntar que en estos dos países los déficit democráticos eran notables y que, por lo tanto, poco tenían que ver con el trabajo que estaban desarrollando los partidos socialdemócratas en el resto de Europa.

    En todo caso, esta confusión se produjo y las consecuencias son la falta de respuesta ideológica a las embestidas de la derecha que parece estar ganando esta batalla. En próximos artículos expondré mis tesis del por qué se produjo esta asimilación entre comunismo y socialdemocracia.

    Volviendo a la cuestión principal, la obra de Philip Petit representa la obtención de nuevos recursos conceptuales para discutir la ofensiva conservadora. Una ofensiva que proviene de los Estados Unidos y que busca laminar los cimientos de nuestro sistema político y social. Económicamente compartimos modelo, pero a los neoconservadores los molesta mucho las correcciones en forma de servicios públicos que discuten, por la vía de los hechos, al modelo conservador. Al entrar éstos en el terreno de la justificación moral del programa conservador y el desprestigio de las propuestas progresistas han trasladado el debate político en las mismas raíces de la convivencia entre personas. Dejo también esta discusión para futuros artículos.

    Lo que quiero analizar en el presente escrito son los límites teóricos e incluso morales de la propuesta republicanista. Soy consciente que no estoy haciendo caso a George Lakoff cuando afirma que lo que hay que hacer es construir nuevos marcos y no entrar en discusión dentro de los marcos construidos por la derecha, ya que siempre tendrá ventaja.

    Pero en este caso creo que me será útil utilizar un marco conservador para analizar una tesis progresista.

    La tesis republicanista que someto a análisis entiende la libertad como no dominación.

    Planteado así, Petit tampoco ha leído a Lakoff ya que presenta el significado de la libertad desde el punto de vista (el marco) liberal, es decir, la libertad negativa o la no existencia de coacción que impida actuar al individuo.

    Bajo mi punto de vista, dejando al margen las objeciones que Lakoff haría para cuestiones estratégicas y de utilización de marcos conceptuales, creo que la socialdemocracia tiene que incorporar al menos en parte, esta significación de la libertad. Es la mejor manera de evitar el peligro de ataques por un pretendido sovietismo de la libertad. Y por otra parte, tenemos que admitir que en alguna ocasión se ha hecho un abuso de las libertades colectivas que han ido en perjuicio del individuo.

    Siguiendo con el análisis de la tesis de Petit sobre la libertad, el filósofo afirma que esta libertad como no dominación también se tiene que aplicar refiriéndose al Estado. Es decir, consideramos que el Estado también puede ejercer una dominación sobre el individuo, privándole entonces, de su libertad.

    Aquí se plantea el problema más grave a mi entender. Si aceptamos que el Estado puede desarrollar un papel de abuso sobre el individuo hasta al punto de recortarle su libertad, entonces nos tenemos que cuestionar el Estado en sí. ¿Y si lo hacemos, qué herramienta nos queda a los partidarios de la redistribución de la riqueza y la defensa y garantía de los derechos y las libertades públicas?

    Me parece que Petit ha planteado esta tesis sin considerar lo bastante bien todas sus implicaciones. Porque ya no se trata de batallar en campo contrario, dentro de marcos que no son los nuestros. Sino de cuestionar seguramente el principal instrumento que tenemos los que creemos en la igualdad de las personas.

    Analizamos ahora porque Petit puede plantear esta consideración en relación al papel del Estado con la libertad del individuo.
    En primer lugar, hay que entender que Philip Petit es irlandés. Proviene del mundo anglosajón que no comparte los mismos esquemas políticos y sociales. Dentro del mundo anglosajón una constitución sirve para marcar los límites del poder del Estado. En Europa, las constituciones determinan los derechos y deberes que tienen las ciudadanas y los ciudadanos.

    En segundo lugar, desgraciadamente se han producido abusos por parte del Estado en periodos de gobierno progresista, así que no estamos libres de pecado en este sentido. Y a menudo la ciudadanía ha percibido más estos abusos que los beneficios de la acción pública, cosa que nos tendría que replantear los efectos de la acción.

    Y es precisamente a causa de estas situaciones de abuso que, en tercer lugar, se ha producido un desplazamiento hacia la derecha en cuando a la concepción de la libertad individual.

    Constantemente se repite desde la órbita conservadora que los espacios públicos no existen. No hay nada más allá de la individualidad y todo intento de construcción de algo colectivo limita la libertad individual.

    Llegados a este punto, creo que puedo afirmar que la concepción de la libertad tal como la entiende Philip Petit, nos es poco útil para la reconstrucción del discurso socialdemócrata.

    Nos caeremos en la trampa de los marcos conservadores si aceptamos una premisa negativa de la libertad y no la dotamos de contenido positivo que signifique capacidad, legitimidad y derecho para hacer y participar en y de la vida pública.

    La socialdemocracia tiene que aspirar a reconstruir espacios comunes. Dónde las capacidades expansivas del individuo no se vean limitadas, pero dónde entienda que sus deseos tienen una frontera que no es otra que el bien común.

    Y el Estado en esta tarea tiene que jugar un papel impulsor. No puede ser visto como un agente agresor, sino como un elemento constructor de espacios de libertad y de igualdad además de corrector de las desigualdades existentes.

    Categoría: General |

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