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José Montilla: Intervención en la Jornada de la Convenció pel Futur (16.05.2008)
By convencio | Mayo 25, 2008
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[El significado de la Convenció]
Amigas y amigos que os habéis reunido esta tarde para debatir las propuestas de la Convenció pel Futur,
Creo obligado, en primer lugar, saludar el esfuerzo colectivo que estáis realizando para aportar nuevas ideas y nuevas iniciativas, para renovar el proyecto político del socialismo democrático catalán y, más allá, el proyecto político y social de las izquierdas catalanas.
Los trabajos de la Convenció, que completa su primer año de debate, coinciden con el 30º aniversario de la unificación de las diferentes familias del socialismo catalán, que dio lugar al Partit dels Socialistes de Catalunya.
Coinciden también con un momento de especial agitación en el debate sobre ideas y proyectos dentro del espacio del catalanismo.
En algunos casos, estimulados por la necesidad de refundar o relanzar proyectos políticos que han quedado estancados o debilitados electoralmente.
En otros, impulsados por la percepción de final de un determinado ciclo del catalanismo, que ha agotado las reivindicaciones y las propuestas tradicionales que lo definieron durante buena parte del siglo pasado.
En cualquier caso, permitidme que exprese mi deseo de que todas las aportaciones, ideas, visiones críticas y propuestas que emanan de la Convenció, puedan estar presentes en el congreso que los socialistas catalanes celebraremos de aquí a unas semanas.
Con la perspectiva actual, cada vez se hace más patente que, la llegada del Gobierno de Izquierdas y Catalanista se convirtió en el motor necesario para remover inercias enquistadas y superar los viejos paradigmas.
El cambio político iniciado con el gobierno de Pasqual Maragall también permitió enterrar algunos mitos -creados y alimentados durante el periodo de gobierno anterior- sobre una supuesta legitimidad natural y exclusiva del nacionalismo para gobernar Cataluña; y sobre la -también supuesta- posición subsidiaria de los socialistas en el espacio político catalán.
En este sentido, resulta muy significativa la poca resistencia al tiempo -y a los hechos- que ha experimentado la tópica sonsonete del sucursalismo, desde que el nacionalismo dejó de gobernar la Generalitat.
Y así, hemos pasado de sentirnos acusados de falta de autonomía, a observar como, desde la dirección de Convergència i Unió se exige con insistencia que se promueva un cambio en el Gobierno de la Generalitat patrocinado desde fuera de Cataluña.
Pienso que hay que tener muy presente este contexto político, complejo y en proceso de cambio, a la hora de ubicar los debates que lleva a cabo la Convenció pel Futur.
[La apuesta de futuro:
sustituir el paradigma nacionalista]
Mirad,
pensar en el futuro es un ejercicio de responsabilidad que estamos obligados a hacer de forma permanente.
Nos hace falta para dar perspectiva a nuestra acción política de hoy.
Nos impulsa la fidelidad a un proyecto por lo que somos conscientes de que su lucha no tiene final y que hay que estar dispuestos, siempre, a volver a empezar.
Pero además, pensar en el futuro de Cataluña y del socialismo democrático catalán significa, hoy, lindar con coraje e inteligencia el reto de consolidarnos -los socialistas catalanes- como la fuerza central y vertebradora de la política catalana en el futuro próximo.
Se trata de traducir la fuerza electoral e institucional del socialismo catalán en fuerza social y cultural.
Es decir, se trata de confirmar nuestra capacidad de marcar la orientación de la política y de la sociedad catalanas, durante un periodo lo bastante largo e intenso, como para que deje huella.
De manera que el paradigma nacionalista dominante, establecido en el periodo de gobierno de CiU, sea superado.
Así de claro y de explícito.
Porque no hay bastante con ocupar un espacio electoral el más amplio posible y por lo tanto el más centrado posible.
Lo que pretendemos es a fijar nuestro espacio como punto de referencia y la viga maestra de la Cataluña del futuro.
Lo que pretendemos es seguir siendo el principal motor de progreso colectivo.
Para hacer realidad esta voluntad política nos hace falta:
Saber interpretar la realidad social, las inquietudes y los temores, las aspiraciones y los sueños colectivos.
Saber expresar el sentimiento mayoritario de la sociedad.
Proponer un horizonte colectivo compartido de largo alcance, a partir de nuestro proyecto, de nuestra clara idea de cómo tiene que ser la Cataluña futura.
Elaborar un relato que integre interpretación y percepción de la realidad, con sueño de futuro.
Aplicar una hoja de ruta concreta para hacer posible el horizonte propuesto.
Y articular la mayoría política y social que dé apoyo a esta propuesta.
En definitiva, hace falta saber representar e interpretar -en el sentido más profundo del concepto- a una sociedad más compleja, que ha alcanzado gran parte del programa catalanista del siglo XX, y que ahora expresa nuevas demandas, manifiesta nuevos temores y alimenta nuevas expectativas.
¿[Socialismo vs catalanismo?]
Un sector importante de la opinión nacionalista reaccionó al cambio político que tuvo lugar a finales del 2003, alertando de un supuesto peligro de desaparición del eje nacional en la política catalana; y de su sustitución por una Cataluña posnacional, simplemente autonómica y supuestamente desnaturalizada.
Desde entonces, se ha ido insistiendo en la contraposición entre capacidad de autogobierno y prioridades sociales, entre eje identitario y eje izquierda/derecha, entre catalanismo y socialismo.
Con esta pretensión se ha expresado recientemente el líder de la oposición, planteando un dilema político que, en realidad, sólo aspira a dar credibilidad a una disyuntiva electoral.
Desde mi punto de vista, no sólo se trata de un dilema falso y perverso, sino que esta posición excluyente incapacita a quien la hace para representar la centralidad social de la Cataluña del futuro.
Si el nacionalismo sigue insistiendo a querer excluir del espacio catalanista lo que representamos los socialistas catalanes, seguirá equivocándose y alejándose cada vez más de la compleja realidad nacional de Cataluña, en la que nosotros estamos, hoy, más presente que nunca.
No tengo ninguna duda sobre el vínculo indisoluble entre cuestión social y cuestión nacional. Pero tengo ésta como una referencia permanente, no como única obsesión.
Y pienso que esta síntesis (realidad nacional, objetivo social) tiene que ser el cimiento esencial de cualquier idea de Cataluña con aspiraciones de interesar a la mayoría social, en los próximos años.
[Los principios del PSC]
¿Está el PSC decidido a encabezar esta empresa? Sin duda.
Mi respuesta es inequívocamente afirmativa. Ya lo está haciendo.
Los socialistas catalanes lideramos el presente y estamos decididos a liderar la Cataluña del futuro, porque oímos la responsabilidad de representar mejor que nadie la mayoría de la sociedad catalana.
Nos lleva nuestra concepción del ser humano, nuestra visión de la sociedad, nuestra idea de Cataluña y nuestra noción de la política.
Creemos que toda persona, sea cuál sea su origen, sea cuál sea su condición social, tiene una inmensa riqueza y un mundo interior que tiene el derecho de vivir y realizar.
Nuestra ambición no es solamente reconocer la dignidad y la igualdad de las personas, sino convertir este reconocimiento en realidades tangibles.
Por eso nuestra visión de la sociedad se basa en la libertad irrenunciable de los individuos, y asume el pluralismo de su funcionamiento y de su organización.
Tenemos una idea clara de Cataluña, definida por una voluntad colectiva y positiva de ser y de hacer.
Y no por la confrontación entre uno nosotros y uno ellos; por la oposición a otras comunidades o identidades.
Vemos Cataluña como una nación hecha de identidades diversas, pero unificadas por su identificación con unos referentes comunes y con una voluntad de futuro compartido.
Asumimos con realismo el carácter propio y al mismo tiempo interdependiente de Cataluña.
Y apostamos claramente por participar en la construcción de la España plural, con el objetivo de avanzar hacia un modelo claramente federal.
Y de hacerlo asumiendo las responsabilidades que haga falta. Desde el puente de mando. Convirtiéndose en protagonistas activos.
Y, finalmente, tenemos una concepción transformadora de la política. Somos una fuerza reformadora al servicio de la mayoría de la sociedad.
Una mayoría que no tiene otro mejor que la política, para estar presente y para decidir su futuro. Porque nosotros queremos dar, con la fuerza de la política, más fuerza a los que no tienen.
Y, además, nos reconocemos en una tradición política societaria más que en una tradición estatista.
Porque entendemos la política como un espacio de implicación social de fronteras más anchas que el espacio estricto de las instituciones públicas.
Creo que con la suma de estos principios, el socialismo catalán se encuentra en disposición de devenir el referente político de los sectores mayoritarios de la sociedad catalana.
No me refiero a un referente estrictamente ideológico o programático. Hablo también, y sobre todo, de confianza.
Aspiramos a ser los principales generadores de confianza social, a mostrar nuestra capacidad de empatía con las preocupaciones de la ciudadanía, y a proponer soluciones con una orientación garantista y equitativa.
[Valores y trabajo]
También queremos ser y representar la fuerza política de la prosperidad y del trabajo.
Para hacerlo, hoy se tiene que tener el coraje de ir a contracorriente y no confundir la prosperidad con el mundo del dinero, con el culto al dinero. Y menos encara con aquella apoteosis barroca del dinero de que nos hablaba, ya hace años, Raimon Obiols.
Nosotros reivindicamos la fuerza creadora del trabajo, del mérito y del esfuerzo como la base necesaria de la prosperidad colectiva. De la prosperidad que garantiza el bienestar y la cohesión social y territorial.
Una prosperidad, un bienestar y una cohesión que no están asegurados. Mantenerlos en el marco de una economía globalizada reclama actitudes y respuestas valientes.
Nuestra respuesta ante los nuevos problemas que plantea una economía más competitiva y una sociedad más compleja y más plural no puede ser -no quiere ser- la del miedo, la de un nuevo proteccionismo y la del repliegue identitario.
Si nuestra respuesta fuera simplemente conservadora, nos incapacitaríamos para gobernar el futuro.
Para que, si algún sentido profundo tiene ser de izquierdas, es que a nosotros nos corresponde velar por los intereses de los que todavía no han nacido.
Cuando en un feliz eslogan electoral hablábamos de la Cataluña optimista estábamos hablando de futuro, de una política orientada al futuro, que cree en el potencial de nuestra gente, que recoge sus ilusiones, que piensa en los que todavía tienen que venir.
Venimos de una tradición que cree en la fuerza liberadora del trabajo. Que ha luchado siempre por su dignidad y para que el trabajo ocupe un lugar central en la sociedad.
En contra de las predicciones que se hacían a finales del siglo pasado, el trabajo no desaparecerá. Todo lo contrario: seguirá siendo un factor clave en la articulación de la sociedad y, por lo tanto, en la creación de preferencias políticas.
Sin embargo, los cambios en la concepción del trabajo y en el modelo productivo, y sus implicaciones en la autonomía de los individuos, dan un nuevo valor al futuro y al significado de la cuestión laboral.
Existen riesgos emergentes, en forma de nuevas desigualdades, que reclaman nuestra atención y pedirán una colaboración estrecha entre agentes sociales, partidos e instituciones.
*
[La financiación como símbolo]
Amigos y amigas,
El cambio político iniciado hace poco más de cuatro años con la alternancia en el gobierno de Cataluña es un proceso en marcha.
Un proceso que tiene que propiciar un cambio de paradigma en el espacio catalanista.
Pero ahora nos encontramos en un momento crucial para decantar la evolución de esta transformación.
Probablemente, el debate sobre el despliegue del Estatuto y la reforma del modelo de financiación es la piedra de toque de la etapa que se aproxima en la política catalana.
Lo es también -lógicamente- para el PSC y, en cierta manera, para el modelo de relación federal del conjunto de pueblos de España, que el socialismo ha defendido desde sus orígenes.
Hay un sector de la opinión que insiste estos días en la idea de que la tensión entre el Gobierno central y la Generalitat, y, en cierta forma, entre el PSC y el PSOE es una demostración que el enfrentamiento entre Cataluña y España es inevitable.
Un argumento que persigue desmentir explícitamente el comportamiento victimista que el Gobierno de CiU practicó durante muchos años.
Creo que éste es un razonamiento falaz, que confunde voluntariamente el carácter naturalmente conflictivo que pueden adquirir las relaciones entre poderes políticos, con una estrategia premeditada y oportunista de la tensión, en la que nos acostumbramos durante la larga etapa de gobierno nacionalista conservador.
En el fondo, una misma situación, con unos síntomas aparentemente parecidos, se corresponde con dos modelos opuestos en la forma y en el fondo:
por una parte, el modelo del victimismo escenificado hacia el interior, que exige una gesticulación convincente;
por otra parte, el de la persuasión y la negociación sujeta ejercida hacia el exterior, que requiere un balance de resultados consecuentes.
Dos maneras de afrontar una estrategia política, que se derivan de dos paradigmas diferentes de entender el catalanismo y las relaciones con España.
La de soportarse más o menos amablemente. La de la famosa conllevancia orteguiana.
Y la de estar. A fondo. Afirmando el carácter nacional y autónomo de Cataluña, por una parte. Y estando en el puente de mando de España, por la otra. Participando en la transformación del conjunto del Estado y en su gobernación.
Éste es la verdadera clave del cambio político que estamos viviendo desde hace poco más de cuatro años, y que ahora
parece llegar a un momento decisivo.
Los trabajos de la Convenció son una aportación valiosa para poder escoger y decidir los caminos que, colectivamente, queremos emprender ante los retos que tenemos planteados como sociedad.
Unos retos que, como podremos comprobar, marcarán de forma irremisible el futuro de Cataluña.
De nosotros depende.
De nuestra capacidad de enriquecer el debate. Como los trabajos de la Convenció han demostrado abastecidamente.
De nuestra determinación para hacer más plural, más arriesgada y más llena de matices la voz de la izquierda catalana, en la que los socialistas catalanes defenderemos el lugar central que estamos convencidos que nos corresponde.
Os invito, pues, a participar activamente en los trabajos del undécimo Congreso del PSC, el congreso del socialismo catalanista y federal al servicio de la inmensa mayoría del pueblo de Cataluña.
Muchas gracias.
Categoría: Partidos políticos del futuro |
